martes, 24 de enero de 2012

Explosión.

La casa estaba vacia a excepción de ellos dos, huyendo del mundo. Todas las luces apagadas. Pero su pasión encendida. 
En la habitación principal, sus cuerpos eran recortados por la leve luz de luna que entraba por la ventana.
El calor aumentaba, las pulsaciones se aceleraban y los besos cada vez eran más húmedos.
Cada vez más juntos. Las piernas liadas como una enredadera de amor. La ropa estorbaba y las caricias no llegaban lo suficientemente lejos.
Ávidos de deseo, de amor, de alcanzar el cielo en un profundo suspiro...
Más besos, más caricias, más gemidos, más suspiros, más noche, más cerca, más dentro el uno del otro. Más y más hasta explosionar juntos, como brillantes estrellas en mitad del universo. En mitad de su universo. En mitad de una noche más, para ellos especial, una noche de 16.
La luz del día les despertó acurrucados uno sobre el otro.
La noche se había ido, pero había dejado lo más importante: las huellas de ese amor, de esa noche, de esa pasión, marcadas a fuego en el corazón.